INTRODUCCIÓN

external image Panait_Istrati2.jpgNadie lee hoy ni conoce a Panait Istrati. Yo misma lo descubrí por casualidad curioseando en una pila de libros de ocasión y escuchando casi por azar una conferencia en la Universidad de la profesora Popa Liseanu (1) en la que se habló de cabalgadas fantásticas a lomos de cardos por la llanura rumana.

Sus novelas no son fáciles de encontrar, y eso en el fondo es uno de sus atractivos: le da cierto misterio, y uno se alegra mucho cuando da con un libro suyo. Andando por Bucarest y curioseando en un puesto de libros empecé a hablar con el librero. Se puso muy contento cuando le dije que buscaba cosas de Istrati y me dijo que muy poca gente lo conoce, pero a los que lo han leído les encantan sus libros y lo adoran. Y es que cuando uno ha leído alguno de sus libros no puede evitar querer leer otro y otro y empieza a interesarse también por la vida de autor, casi tan alucinante como sus relatos. Por eso Istrati tiene pocos lectores, pero los que lo son, llegan a ser fanáticos.

Después de buscar y rebuscar en bibliotecas y librerías francesas y anticuarios bucarestinos algo suyo, fue una sorpresa descubrir en la estación de trenes de una pequeña ciudad del interior de Turquía un puesto de libros en el que había no una sino cinco novelas de Istrati, editadas recientemente. A los turcos también les gusta Panait Istrati (2). En Francia se reeditaron su obras en formato de bolsillo en los años ochenta, pero ya están descatalogadas (3), y en España, salvo alguna reedición de los años setenta, imposible de conseguir, no hay nada (4).

Istrati es un caso curioso dentro de la historia de la literatura: rumano, de origen humilde, tras media vida dedicada a vagabundear por el Mediterráneo, empleado en mil oficios, llega a Francia y consigue la protección del escritor Romain Rolland, que le anima a escribir. Se publican sus primeros relatos, gran parte de ellos de caracter autobiográfico, y la fama es casi inmediata: los grandes periódicos y revistas de la época se hacen eco de sus novelas y su apasionante vida, se codea con grandes escritores e intelectuales, sus libros se traducen a infinidad de lenguas...

Pero unos años más tarde Panait Istrati cae en el olvido. Sus libros dejan de publicarse, no se vuelve a oír hablar de él. Este olvido, su desaparición del mundillo literario, tiene que ver con su actitud inconformista. Fue uno de los primeros en denunciar, a la vuelta de un viaje por la URSS, los fallos de la Revolución bolchevique, sus injusticias e incongruencias, y los intelectuales de Occidente se echaron sobre él; se le acusó de pertenecer a grupos de extrema derecha, de ser un espía, un traidor. Los que habían sido sus amigos o le tenían cierta simpatía callaron e Istrati volvió a Rumanía (1930) renegando de Francia y de la “Europa civilizada”. Murió en Bucarest unos años después (1935).

La “conjura de silencio” en torno al autor se empezó a romper en la década de los 60; la editorial Gallimard reeditó las obras completas de Istrati, se fundó una Asociación de amigos del escritor (1968), e incluso se llevó al cine -y fue premiada en Cannes- uno de sus relatos, Codine; sus antiguos defensores empezaron a hacerle justicia y a rehabilitar su figura, desmintiendo las calumnias que se habían levantado a su alrededor.
En los años ochenta aparecieron las ediciones de bolsillo de la colección Folio, pero este débil resurgir no tuvo demasiada repercusión en el resto del mundo. Así, en Madrid es prácticamente imposible encontrar alguno de sus libros.


(1) Fue en el Seminario Internacional: Los Balcanes, cultura y convivencia, organizado por la Facultad de Filología de la UCM en noviembre de 1997.
(2) Es el segundo autor más traducido después de Dovstoiesvki.
(3) En 2006 se reeditaron las obras completas en la editorial Phebus, a cargo de Linda Le.
(4) Curiosamente ha sido más importante la recepción de Istrati en Sudamérica que en España.